En tiempos primitivos
el hombre notó que la sombra variaba de acuerdo con la posición
del sol. A partir de esa observación surgió el gnomon. Se trataba
de un palo vertical incrustado en el suelo en forma perpendicular, y en la tierra
se marcaban surcos que indicaban los distintos momentos del día. La sombra
del palo señalaba los diferentes horarios. Pronto el palo del gnomon
fue transformándose en grandes obeliscos. Así se construyó
el cuadrante solar o reloj de sol que tenía una base esférica
sobre la que se marcaban líneas para que la sombra señalara la
misma hora en cualquier día del año. Según algunos investigadores,
los cuadrantes solares aparecieron en Grecia hacia el siglo V antes de Cristo
y hay quienes afirman que también fue utilizado por los egipcios y los
incas.
MEDICIONES NOCTURNAS Así fue como los relojes de sol
se utilizaron para averiguar la hora del día. Era un instrumento de buena
precisión, sin embargo no funcionaba de noche ni en días muy nublados.
Entonces para las mediciones
nocturnas del tiempo, aparecieron cuadrantes estelares y lunares, aunque estos
funcionaban solamente cuando había cielo despejado.
De esta forma, para medir el paso del tiempo en todo momento aparecieron los
relojes de cera. Consistían en velas de determinada duración.
A medida que se iba consumiendo la vela previamente marcada, ésta señalaba
un determinado período de tiempo.
Este método se usó en la Edad Media, especialmente en ceremonias
religiosas.
EL RELOJ DE AGUA En la antigüedad se utilizó también la clepsidra o reloj de agua, un instrumento para medir el tiempo inventado probablemente por los Babilonios en el año 1400 a.C. y perfeccionado por los chinos y egipcios. Era un reloj que, a través de un pequeño orificio, hacía salir el agua contenida en un recipiente. Las horas transcurridas eran marcadas en los lados del tanque donde se almacenaba el agua.
EL RELOJ DE ARENA
Alrededor del siglo III, de nuestra era, apareció el famoso reloj de
arena. Éste no se diferenció demasiado de la clepsidra, salvo
en que en vez de agua utilizaba arena como elemento a deslizarse.
Seguro que vos conocés este tipo de reloj, está formado por dos
cavidades transparentes de boca estrecha, situadas una frente a otra y unidas
por sus extremos abiertos.
Una de las cavidades contiene arena. Al dar vuelta el instrumento, la arena
empieza a pasar de una cavidad a otra.
Según la cantidad de arena que contienen o el tamaño del agujero,
los relojes de arena pueden medir períodos de horas o de pocos minutos.
Durante el siglo XVI, en Europa, era muy común la utilización
de relojes de arena para medir la duración de las misas en las iglesias.
Esto sigue, tenemos más para contarte... ¡Tomate tu tiempo!
HACIA EL TIEMPO
EXACTO Al arribar a la época del reloj de arena, parecía
que la medición del tiempo ya no era problema, sin embargo todos los
relojes utilizados hasta entonces no lograban tener exactitud. El hombre continuaba
su búsqueda para medir el tiempo... Así fue como necesitó
inventar elementos basados en la mecánica. Y pasó bastante tiempo
hasta lograrlo. El reloj mecánico apareció a finales del siglo
XIII. En sus comienzos fueron utilizados en las torres de algunas iglesias y
catedrales europeas.
Estos relojes ya tenían los elementos que necesitaría después
cualquier reloj para funcionar.
A lo largo del siglo XVI algunas casas tenían como adorno relojes de
forma cuadrada o redonda que apoyaban sobre algún mueble. A partir del
siglo XVII apareció el mueble para el reloj de pared, con un frente muy
decorado.
En 1657, un astrónomo holandés llamado Christiaan Huygens creó
el reloj de péndulo. Esta técnica fue muy renovadora y permitió
obtener mayor precisión en la medición del tiempo.
Recién en 1842 el suizo Philippe creó el primer reloj de bolsillo
al que se le podía dar cuerda y accionar las agujas.
Luego en 1904 se conoció el primer reloj pulsera, lo inventó el
francés Louis Cartier para que sea usado por un aviador. Como resultó
muy cómodo y práctico, ese mismo año el suizo Hans Wilsdorf
logró imponerlo en el mercado.
Hasta ese momento, el reloj había evolucionado muchísimo, aunque
todavía quedaban cuestiones sin resolver: las piezas sufrían desgaste
y en consecuencia la medición del tiempo no podía ser exacta.
A mediados del siglo XIX surgió entonces el reloj eléctrico en
el cual la energía era suministrada por unas pilas o unos acumuladores
en forma de corriente continua. Derivado de éste surgió más
tarde el reloj electrónico, el cual incorporó elementos electrónicos
en uno o varios de sus componentes. Actualmente el campo de la relojería
eléctrica es muy amplio: relojes de exterior, relojes eléctricos
de pulsera con pilas en miniatura, relojes para que el personal de una empresa
marque su ficha, etc.
EL RELOJ SIGUE SU EVOLUCIÓN Y vayamos ahora al reloj
de cuarzo, conocido en 1929 cuando un relojero norteamericano llamado Warren
Alvin Marrison creó un reloj que funcionaba con un resonador de cuarzo.
Recién comenzaron a ser comercializados partir de 1969 por una famosa
marca japonesa de relojes.
Ya más cerca en el tiempo se creó el reloj atómico. En
el año 1949, el físico estadounidense Harold Lyons fue el primero
en emplear la vibración molecular para medir el tiempo. Ya para 1955,
los relojes atómicos eran precisos menos un segundo cada 300 años.
A prueba de agua, sumergibles, digitales, artesanales, eléctricos, atómicos,
de pulsera, de pared, de bolsillo o de mesa, ahí están…
son los relojes que nos marcan el tiempo segundo a segundo, aunque a veces no
nos guste depender de ellos.